Publicado originalmente en TakeSevilla
Gabriel
García Márquez nació en Aracataca (Colombia) en 1927 pero a los cuarenta años
se convirtió en ciudadano del mundo. A través de su obra ha pasado a formar
parte de una gran familia: la de todos y cada uno de sus fieles lectores.
Creció con sus abuelos que, con sus historias de guerra y fábulas, marcaron la
forma de ver y describir la vida del pequeño Gabito. En su juventud comenzó su
carrera periodística mientras estudiaba derecho en la universidad, publicando
en diarios como El Universal de
Cartagena o El Heraldo de
Barranquilla. Quizá fue el periodismo el
que le llevó a forjar el realismo mágico en el que se enclavan sus
obras: una descripción deliciosa de la realidad que le rodeaba con una sutil
fantasía.
Si
bien su primera novela fue La hojarasca,
García Márquez alcanzó la fama mundial con la novela Cien años de Soledad (1967), que se ha traducido a 37 idiomas y de
la cual se han vendido más de 25 millones de ejemplares. A lo largo de su carrera recibió numerosos
premios, destacando el Nobel de Literatura en el año 1982, por sus novelas y la
difusión que siempre hizo de la cultura latinoamericana. Un cáncer, enfermedad
maldita que muchos hemos sentido cerca, y su avanzada edad se han llevado a Gabo
al cielo de los buenos escritores.
Ahora
que Gabriel García Márquez descansa, los demás podemos observar como
espectadores de una película las distintas formas de darle las gracias por todo
lo que ha hecho por la narrativa latinoamericana. El otro día, mientras
desayunaba, mostraron en el telediario el homenaje oficial, organizado por el
gobierno mexicano. A éste asistieron, además de su viuda y sus hijos, los
presidentes de México y Colombia y numerosos amigos y escritores. Fuera sonaba
música clásica y vallenato colombiano. Había rosas amarillas y palabras
prescritas y ensayadas para el maestro de las letras. Esta ceremonia fue
retrasmitida en directo a través de diarios digitales de todo el mundo, de
televisiones y redes sociales.
Sin
embargo, en este mismo telediario, dedicaron un tiempo escaso (no recuerdo
cuanto pero muy escaso) a los homenajes populares que se le dedicaron a Gabo
desde su Colombia natal. Niños tocando vallenato sentados en sillas viejas, con
instrumentos prestados y leyendo Cien años de soledad con vocecillas
entrecortadas. Supongo que, desde el citado cielo, García Márquez estará
contento porque todo el mundo lo recuerde pero seguro que siente más cerca las
distinciones “del pueblo” a su persona. Porque estos agradecimientos son mucho
más como sus libros: mágicos, realistas, descriptivos y llenos de sentimiento.
Creo
que no habrá otro como él, con esa forma tan envolvente de escribir, con esa
manera fácil del llegar al alma de los lectores; nadie que cree esos personajes
tan únicos. Se han hecho películas sobre sus obras como El amor en tiempos del cólera, con nuestro Javier Bardem en el
papel de Florentino Ariza, o Memorias de
mis putas tristes, pero yo aun no me he atrevido a verlas. No quiero borrar
lo que mi mente imaginó leyendo sus libros, los personajes que creó en mi
cabeza. Nunca una película podrá superar una imaginación activada por las
palabras del maestro.
Descanse
en ese cielo de los buenos escritores, Don Gabriel.
Allí se merece un sitio
privilegiado.


No hay comentarios:
Publicar un comentario