lunes, 21 de julio de 2014

Bienvenido al cielo de los buenos escritores



Publicado originalmente en TakeSevilla 
 

Gabriel García Márquez nació en Aracataca (Colombia) en 1927 pero a los cuarenta años se convirtió en ciudadano del mundo. A través de su obra ha pasado a formar parte de una gran familia: la de todos y cada uno de sus fieles lectores. Creció con sus abuelos que, con sus historias de guerra y fábulas, marcaron la forma de ver y describir la vida del pequeño Gabito. En su juventud comenzó su carrera periodística mientras estudiaba derecho en la universidad, publicando en diarios como El Universal de Cartagena o El Heraldo de Barranquilla. Quizá fue el periodismo el  que le llevó a forjar el realismo mágico en el que se enclavan sus obras: una descripción deliciosa de la realidad que le rodeaba con una sutil fantasía. 

Si bien su primera novela fue La hojarasca, García Márquez alcanzó la fama mundial con la novela Cien años de Soledad (1967), que se ha traducido a 37 idiomas y de la cual se han vendido más de 25 millones de ejemplares.  A lo largo de su carrera recibió numerosos premios, destacando el Nobel de Literatura en el año 1982, por sus novelas y la difusión que siempre hizo de la cultura latinoamericana. Un cáncer, enfermedad maldita que muchos hemos sentido cerca, y su avanzada edad se han llevado a Gabo al cielo de los buenos escritores.
Ahora que Gabriel García Márquez descansa, los demás podemos observar como espectadores de una película las distintas formas de darle las gracias por todo lo que ha hecho por la narrativa latinoamericana. El otro día, mientras desayunaba, mostraron en el telediario el homenaje oficial, organizado por el gobierno mexicano. A éste asistieron, además de su viuda y sus hijos, los presidentes de México y Colombia y numerosos amigos y escritores. Fuera sonaba música clásica y vallenato colombiano. Había rosas amarillas y palabras prescritas y ensayadas para el maestro de las letras. Esta ceremonia fue retrasmitida en directo a través de diarios digitales de todo el mundo, de televisiones y redes sociales.
Sin embargo, en este mismo telediario, dedicaron un tiempo escaso (no recuerdo cuanto pero muy escaso) a los homenajes populares que se le dedicaron a Gabo desde su Colombia natal. Niños tocando vallenato sentados en sillas viejas, con instrumentos prestados y leyendo Cien años de soledad con vocecillas entrecortadas. Supongo que, desde el citado cielo, García Márquez estará contento porque todo el mundo lo recuerde pero seguro que siente más cerca las distinciones “del pueblo” a su persona. Porque estos agradecimientos son mucho más como sus libros: mágicos, realistas, descriptivos y llenos de sentimiento. 

 Creo que no habrá otro como él, con esa forma tan envolvente de escribir, con esa manera fácil del llegar al alma de los lectores; nadie que cree esos personajes tan únicos. Se han hecho películas sobre sus obras como El amor en tiempos del cólera, con nuestro Javier Bardem en el papel de Florentino Ariza, o Memorias de mis putas tristes, pero yo aun no me he atrevido a verlas. No quiero borrar lo que mi mente imaginó leyendo sus libros, los personajes que creó en mi cabeza. Nunca una película podrá superar una imaginación activada por las palabras del maestro. 

Descanse en ese cielo de los buenos escritores, Don Gabriel.
 Allí se merece un sitio privilegiado.



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